Vitalidad con contratiempos
Bartolo fue mi primer gatito faldero. Podía pasar todo el tiempo a upa, entre mis piernas, sobre mi cabeza al dormir... Flaquito, pequeño para su edad y con algunos problemas gastrointestinales que intentabamos, con su Dra. Dolores, combatir.
Su dulzura y docilidad nos permitieron tratar todos sus parásitos, batallarlos uno a uno... porque aparecían uno a uno. Cuándo nos liberabamos del combatido encontrabamos otro.
Y así pasamos 1 año entre visitas al veterinario, estudios, ecografías y muchas pastillitas que el enano se bancaba mientras trepaba a la biblioteca y hasta una sola vez logró subir a la heladera, con una estabilidad extraña porque cada tanto se caía de los lugares dónde su hermana mayor lo miraba.
Festejabamos cada vez que subía de peso, festejabamos más si lograba mantenerlo un par de meses... Y así, de sus 2 pobres kilitos superaron los 3 y andaba correteando por mi casa y saltando a upa dónde yo estuviese sentada (no discrinimaba ni el baño, puerta que su hermana amablemente le abría si quedaba fuera).
Y con alimento balanceado y medicado Bartolo mantenía sus intestinos en calma y MiniMí se convertía en una potente gatita algo rellena 😳
Descubrió la puerta y salió a visitar el pallier, intentó hacerse amigo de un gatito de otro dpto pero no coincidieron sus puertas abiertas. Cómo premio obtuvo un collar con medallita por si se perdía, su hermana nunca cruzó la puerta ni le interesó hacerlo con él...
Su dulzura y docilidad nos permitieron tratar todos sus parásitos, batallarlos uno a uno... porque aparecían uno a uno. Cuándo nos liberabamos del combatido encontrabamos otro.
Y así pasamos 1 año entre visitas al veterinario, estudios, ecografías y muchas pastillitas que el enano se bancaba mientras trepaba a la biblioteca y hasta una sola vez logró subir a la heladera, con una estabilidad extraña porque cada tanto se caía de los lugares dónde su hermana mayor lo miraba.
Festejabamos cada vez que subía de peso, festejabamos más si lograba mantenerlo un par de meses... Y así, de sus 2 pobres kilitos superaron los 3 y andaba correteando por mi casa y saltando a upa dónde yo estuviese sentada (no discrinimaba ni el baño, puerta que su hermana amablemente le abría si quedaba fuera).
Y con alimento balanceado y medicado Bartolo mantenía sus intestinos en calma y MiniMí se convertía en una potente gatita algo rellena 😳
Descubrió la puerta y salió a visitar el pallier, intentó hacerse amigo de un gatito de otro dpto pero no coincidieron sus puertas abiertas. Cómo premio obtuvo un collar con medallita por si se perdía, su hermana nunca cruzó la puerta ni le interesó hacerlo con él...


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